miércoles, 13 de julio de 2016

Cobardía

Julián caminaba por las sucias calles de su humilde barrio. Siempre observaba las casas de sus vecinos; conocía a casi todos. Precarias viviendas de ladrillo, con ropa secándose en los frentes y gente pobre sentada tomando mate. Su situación no era tan distinta a la de ellos. Todos sabían que él era un buen chico, solitario, sin hermanos ni madre. Tan solo un padre bastante problemático.
Llego a su casa, suspiro y se dispuso a entrar.
En la habitación principal se encontraba su padre, podía divisarlo entre el humo de sus cigarrillos. Se percibía un fuerte olor a alcohol. Tan insoportables eran los vicios de su padre para él que se limito a saludarlo y salió de la habitación.
Caminó hasta el viejo televisor y lo encendió. La noticia que este mostraba lo dejo impactado. “El aumento de venta de drogas en boliches” era el tema del día.
El noticiero comenzó a pasar imágenes de algunos vendedores en las últimas fiestas. Entre estas borrosas fotos Julián pudo identificar la cara de su padre, rodeado por sus amigos.
Sorprendido, más bien shockeado, fue a avisarle lo que había visto.
-   Es imposible que nos hayan visto, nadie tenía cámara – le dijo su padre
-   Al parecer no tuvieron tanto cuidado – respondió nervioso – tenés que dejar de vender.
-   No tenemos otra opción; no tenemos dinero y pronto seguro nos echan de la pensión. Es más, este viernes hay una fiesta importante a la que te voy a llevar, ya deberías empezar a aprender a manejarte.
-   No quiero ser parte de eso, no me podes obligar a nada – le dijo Julián a su padre.
-   No te pregunte y sí, sí puedo – respondió este.Yo estaba a su lado mirando cómo intercambiaba droga por dinero, preguntándome si en algún momento lo iba a ayudar.
Lo único que podía ver eran luces y cuerpos empujándose los unos a los otros; algunos al compás, por así decirlo de la música, y otros cayendo al suelo por los efectos de varias pastillas. Estaba espantado. Miles de ojos se me cruzaban por la cara, cada par mas desesperado que el anterior, y todos querían lo mismo. Sus miradas escupían fuego y sus cuerpos adrenalina.
Me di cuenta de que era un trabajo realmente efectivo; cada persona en ese lugar estaba tan desesperada por conseguir algo de droga que no me hubiese asombrado en absoluto si alguien mataba por ella.
Comencé a ofrecerles pastillas yo mismo, y empecé a sentir la misma adrenalina, mientras el dinero y la droga iban y venían, pasando de mano en mano.
Hacia el final de noche habíamos vendido casi todo y ganado bastante dinero. Pero de repente algo me llamo la atencion; todo el mundo habia empezado a correr hacia las salidas. Escuché las sirenas y entendí lo que pasaba; habia llegado la policía.
Nos rodearon. A los amigos de mi padre los estaban empezando a esposar, y supe que nosotros seríamos los próximos. Me invadió el pánico y no pude controlar la situación, tenía el miedo a flor de piel. Logré divisar un espacio entre los oficiales y salí corriendo; ni siquiera era tan fuerte como para hacerme cargo de lo que había hecho. Pude escapar de esa fiesta sin interrupciones y me adentre en la oscuridad de la noche.
Corrí por lo que me parecieron horas, ahogado en la traición y en mi propia cobardía.







Integrantes del grupo:
Santa Maria,
Ratto,
Garcia Devrient

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