Julián caminaba por las sucias calles
de su humilde barrio. Siempre observaba las casas de sus vecinos; conocía a
casi todos. Precarias viviendas de ladrillo, con ropa secándose en los frentes
y gente pobre sentada tomando mate. Su situación no era tan distinta a la de
ellos. Todos sabían que él era un buen chico, solitario, sin hermanos ni madre.
Tan solo un padre bastante problemático.
Llego a su casa, suspiro y se dispuso
a entrar.
En la habitación principal se
encontraba su padre, podía divisarlo entre el humo de sus cigarrillos. Se
percibía un fuerte olor a alcohol. Tan insoportables eran los vicios de su
padre para él que se limito a saludarlo y salió de la habitación.
Caminó hasta el viejo televisor y lo
encendió. La noticia que este mostraba lo dejo impactado. “El aumento de venta
de drogas en boliches” era el tema del día.
El noticiero comenzó a pasar imágenes
de algunos vendedores en las últimas fiestas. Entre estas borrosas fotos Julián
pudo identificar la cara de su padre, rodeado por sus amigos.
Sorprendido, más bien shockeado, fue a
avisarle lo que había visto.
- Es
imposible que nos hayan visto, nadie tenía cámara – le dijo su padre
- Al
parecer no tuvieron tanto cuidado – respondió nervioso – tenés que dejar de
vender.
- No
tenemos otra opción; no tenemos dinero y pronto seguro nos echan de la pensión.
Es más, este viernes hay una fiesta importante a la que te voy a llevar, ya
deberías empezar a aprender a manejarte.
- No
quiero ser parte de eso, no me podes obligar a nada – le dijo Julián a su
padre.
- No
te pregunte y sí, sí puedo – respondió este.Yo estaba a su lado mirando cómo
intercambiaba droga por dinero, preguntándome si en algún momento lo iba a
ayudar.
Lo único que podía ver eran luces y
cuerpos empujándose los unos a los otros; algunos al compás, por así decirlo de
la música, y otros cayendo al suelo por los efectos de varias pastillas. Estaba
espantado. Miles de ojos se me cruzaban por la cara, cada par mas desesperado
que el anterior, y todos querían lo mismo. Sus miradas escupían fuego y sus cuerpos
adrenalina.
Me di cuenta de que era un trabajo
realmente efectivo; cada persona en ese lugar estaba tan desesperada por
conseguir algo de droga que no me hubiese asombrado en absoluto si alguien
mataba por ella.
Comencé a ofrecerles pastillas yo mismo,
y empecé a sentir la misma adrenalina, mientras el dinero y la droga iban y
venían, pasando de mano en mano.
Hacia el final de noche habíamos
vendido casi todo y ganado bastante dinero. Pero de repente algo me llamo la
atencion; todo el mundo habia empezado a correr hacia las salidas. Escuché las
sirenas y entendí lo que pasaba; habia llegado la policía.
Nos rodearon. A los amigos de mi padre
los estaban empezando a esposar, y supe que nosotros seríamos los próximos. Me
invadió el pánico y no pude controlar la situación, tenía el miedo a flor de
piel. Logré divisar un espacio entre los oficiales y salí corriendo; ni
siquiera era tan fuerte como para hacerme cargo de lo que había hecho. Pude
escapar de esa fiesta sin interrupciones y me adentre en la oscuridad de la
noche.
Corrí por lo que me parecieron horas,
ahogado en la traición y en mi propia cobardía.
Integrantes del grupo:
Santa Maria,
Ratto,
Garcia Devrient
Santa Maria,
Ratto,
Garcia Devrient

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