jueves, 14 de julio de 2016

Lo Posible

             Una noche oscura y silenciosa se me dio por mirar a la ventana del fondo. La observé por un instante hasta que de repente oí un grito. Luego un disparo. Sucesivamente otro y otro.
            De tanto miedo, sin pensarlo, corrí hacia afuera y ví tras la niebla a una mujer morocha de aproximadamente 18 años. Se la notaba asustada y preocupada.
           Al pensar en coger el teléfono móvil me percaté de la presencia de un hombre, robusto y ensagrentado. Me pregunté qué pasaba. Tan solo veía los movimientos de aquel, manchas de sangre en la cortina, y la figura de la muchacha en el piso. Así me di cuenta que se trataba de algo serio; quizás violencia de género. Como quise saber el resto de la historia y ratificar mis sospechas… Tomé una escoba y entré en acción.
   
          Sentí un golpe muy fuerte y lo único que recordaba era el rostro de la mujer sollozando a mi lado.
          Al otro día me encontré en las afueras de la ciudad y por fortuna sabía como volver a casa. En el camino me encontré a la mujer golpeada y escúalida. Sabía a qué iba mi saludo, pues entonces nos dirigimos a un bar.
-Hola soy Alejandra, gracias por preocuparte por esta situación dura que estoy afrontando. –me dijo.
-No hay de qué, estoy dispuesto a ayudarte. Presentaremos la denuncia-le respondí.
        Sin duda alguna, fuimos a la comisaría y le tomaron los datos:
-¿Nombre y apellido? -dijo el oficial.
-Alejandra Anabel Fonseca –le respondió.
-¿Edad?
-20
-¿Problema?
-Maltrato y abuso.
-¿Victimario?
-José Alfredo Campos, apodado “La Muerte”; 28 años, cicatriz en la cara, labios gruesos y mirada perturbadora.
-Tiene antecedentes. No te hagas problema, ya está en pie su búsqueda.

          Un par de semanas despúes recibimos el llamado del jefe de la comisaría, comunicándonos que Campos había sufrido un accidente grave y ya no se encontraba con vida.
         Dedujimos que de alguna forma se había hecho justicia, pero eso no era todo: Emprendimos un proyecto, mejor dicho una campaña. La llamamos NI UNA MENOS; ni una mujer menos, ni una muerta más.
        De parte del Estado al principio no obteníamos respuesta alguna pero al aumentar las marchas y la cantidad de femicidios, se aprobó una ley en contra del maltrato a la mujer.
       Fue fructífero ya que cientas de mujeres pudieron salvar sus vidas, pero lo más importante es que de una buena vez hicieron ruido y fueron escuchadas.

QUIEN AMA NO MATA, NO HUMILLA, NI MALTRATA.




Integrantes de grupo:
Martinez B.,
Petruzzi,
Vila

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