jueves, 11 de agosto de 2016

Compañeros

En ese momento se me iba de los brazos lo que tanto tiempo estuve anhelando, se iba y no sabría cuando volvería a verle. Aun recuerdo como comenzó todo.
Ese lunes, el aula estaba tan ruidosa como siempre hasta que llega la profesora junto a un chico que no ubicaba, parecía un año o dos mayor que yo. Era alto, pelo castaño y esos ojos color marrón profundos, cautivadores e irresistibles. Espera… ¿En qué estoy pensando?
-Él es Samuel de Luque, viene de un programa de intercambio español- dijo la profesora interrumpiendo mis pensamientos. -sentate allá, con Guillermo- replico mientras me señalaba.
El chico nuevo se acercó a mí con una sonrisa y me saludó.
-          Hola, mi nombre es Samuel, un gusto.
-          Hola, soy Guillermo.
-          Puedo decirte Willy? Sabes, por tu nombre…
-          Eh… si… - respondí a esa inusual pregunta
Las horas pasaron rápidamente, Samu y yo conversábamos como si nos conociéramos de toda la vida.
Esa misma tarde, después del colegio, hacia tanto calor que quise hacerme un tereré, y al darme cuenta de que no tenía más yerba, decidí ir a preguntarle al del 7mo piso, ya que en el mío no había nadie a estas horas.
Toco el timbre del apartamento n°77, y escucho que del otro lado de la puerta me gritan: Espera, ¡voy enseguida! Reconocí esa voz de inmediato… Era Samuel. No me dio tiempo a reaccionar cuando abrió la puerta en cueros; no pude evitar sonrojarme al ver ese trabajado torso.
-Madre Mía Willy! ¿Qué haces aquí compañero?
-Ehh…vivo… en el piso de abajo. -Dije con la voz temblorosa-
-Ostia tío, ¡no lo sabía! Pasa, pasa, te invito una limonada.
-Ok, gracias.
Su casa era exactamente igual a la mía, pero había algo de lo que no estaba acostumbrado; todo estaba reluciente y perfectamente acomodado, no como mi habitación que es un completo caos.
También note que en una pared había un poster, el poster de uno de mis juegos favoritos: el CIVIL WAR III
-Wow! Tenés el poster de CIVIL WAR III!
-Sí, ¿te gusta?
-Obvio, es uno de mis juegos favoritos
-¡¿Enserio?! ¡También el mío! ¿Quieres jugar?
-¡Dale!
Miradas, sonrisas y bromas no faltaron a lo largo de la tarde; luego de varias horas jugando, Samuel comenta:
-Este sábado hare una fiesta, sabes, para conocer a nuestra compañeros… y me preguntaba si te apetecería venir…
-Ammm… no sé, tengo otras cosas que hacer, pero veo que hago…
La verdad era que no tenía nada para hacer, solo que conociendo a mis padres, dudo mucho que me dejen ir. Pero no quiero que sepa que mis padres aun creen que soy un niño de 7 años.
Los días transcurren con normalidad, mi relación con Samu crecía día tras día; hasta que llegó el dichoso sábado.
Tenía muchas ganas de ir a la fiesta y poder relajarme un poco, pero era evidente que no podía, mis papás son muy cerrados, serios y estrictos.
Una llamada interrumpió mis pensamientos:
-¿Hola? ¿Quién habla? – Pregunto
-¡Willy, soy yo, compañero! Llamaba para preguntarte si vendrás hoy a mi fiesta- dijo mi amigo de forma animada al otro lado del celular.
-Ah... eh… hola… - tartamudee  -No creo.
-Willy… ¿estás bien? ¿Por qué no puedes venir?
-Es que… mis papás no me dejan ir.
Samuel comenzó a reírse exageradamente
-Ay chiqui, no me hagas reír, escápate
-¿Qué? ¿Escaparme? ¿Y si me descubren? ¿Qué hago?
-No creo que lo hagan, pero si pasa digo que fue mi culpa y problema solucionado. El que no arriesga no gana, compañero.
-Ok, dale, hagámoslo.
Mire el reloj: 23:00. Ya estaba preparado para hacer una de las cosas más arriesgadas que hice en mi vida. No está de más decir que pensé muchas veces en no hacerlo, en quedarme en casa con mis juegos como lo he hecho a lo largo de los años… pero mi amigo me dijo algo que me convenció: el que no arriesga, no gana.
23:30, estaba en frente de la casa de Samuel, podía escuchar música fuertísima, gente hablando y riendo. Pensé una vez más en dar media vuelta y volver, pero me decidí y toque timbre. Me abrió un chico de nuestra clase, Matías, nunca me callo bien (se cree el centro del mundo y siempre anda queriendo llamar la atención).
Una vez dentro me di cuenta de que fue una mala idea, era evidente que yo no encajaba ahí, yo no soy la clase de chico que sale de fiesta.
Me acerque a la puerta para irme antes de que mi amigo me vea, pero se me hizo imposible.
-Willy! ¡Estoy aquí! – Grito Samu al otro lado de la habitación.
-Ah... hola... – dije incómodo al notar que estaba hablando con Micaela, una de las chicas mas lindas pero hueca del colegio. No sé porque sentía celos… O sea, somos amigos, amigos hombres, los chicos no se ponen celosos de que sus amigos hablen con otras… ¿o sí?
-Te presento a Mica, willy, no sé si ya se conocían.
-Ah, sí, estamos en la misma clase.
-Ah ¿sí? Nunca te noté – dijo “Mica” acabando con la risa mas estúpida que jamás escuche. – Bueno chicos, me voy con Mati, chauu.
-Samuel y yo nos quedamos en silencio durante un tiempo, pero no era un silencio incomodo, era uno de esos silencios agradables. Hasta que mi amigo dijo:
-Al final el otro día no tuve la oportunidad de mostrarte mi casa, ¡ven!
Caminamos por un pasillo hasta llegar a una puerta.
-Esta, es la habitación de la familia que me acoge, aunque hoy obviamente no están. Y esta de acá, es mi habitación. Ven, pasa, ponte cómodo.

Me acosté en su cama y note que olía exquisitamente bien, olía a él. Samu se acostó junto a mí y me rodeo con sus brazos, en ese momento no me importo nada: ni que mis papas descubrieran que me había escapado, ni que todos mis compañeros estaban al otro lado e la puerta. Lo único importante es que me sentía a salvo con él a mi lado, me sentía seguro estando junto al chico que amo.
Sí, amo a Samuel de Luque.
Luego de unas horas, me despierte por el brusco movimiento de mi… amigo.
-Willy! ¡Despierta! Nos quedamos dormidos, ¡mi casa debe ser un caos!
Nos levantamos rápidamente de la cama y salimos corriendo a la sala. Por suerte todo estaba en orden. No había nada roto, como mucho, alguna que otra mancha de cerveza en el piso.
-Gracias a Dios… - exclamo aliviado Samu.
Ya eran las 4:00 y en la casa de mi amigo solo quedábamos nosotros dos.
-Creo que debería irme. – dije apenado.
-Es verdad –
Samu me acompaño hasta la puerta y nos quedamos parados sin saber que decir. ¿Debía besarlo? No, no, era muy pronto, si él no sintiera lo mismo, arruinaría toda nuestra amistad. ¿Debíamos abrazarnos? ¿Un saludo con la mano? 
-Buenas noches, chiqui – dijo, por fin.
-Buenas noches, compañero.
Entre en mi casa y por suerte no había rastro de que mis papás estaban levantados. Asique camine silenciosamente hasta mi habitación y me dormí.
Pasan las semanas con normalidad y un día Samuel me dice:
-Tengo que decirte algo, es importante y… doloroso. – dijo metiéndome a empujones al baño de hombres.
-¿Qué pasa? No me asustes.
-La semana que viene me vuelvo.
-¿A dónde volvés? ¿De qué hablas?
-A España pringado.
Se me había olvidado por completo que era español, y que tarde o temprano tendría que volver a su país.
Lo único que en mi cabeza sonaba en ese momento era: ¿Por qué?  ¿Por qué la vida es tan injusta? Te da algo para luego quitártelo de un día para el otro, sin que vos puedas hacer nada, solo ver como eso que tanto cuidaste, apreciaste y en mi caso, ame; se aleja.
-No… me niego a aceptarlo – dije con lagrimas cayendo de mis ojos.
Samuel puso su mano en mi cara y las limpió.
-Yo tampoco, créeme, si es por mí, me pasaría el resto de mi vida aquí, contigo. Jugando al CIVIL WAR III, riendo y hablando de tonterías.
Ahora ya no había nada más que hacer, solo disfrutar de los momentos que me quedaban con mi primer y mejor amigo.
Tratamos de aprovechar la semana al 100%. Hasta que el día mas doloroso y difícil de toda mi vida llego.
Eran las 6:00 am y me encontraba en el aeropuerto para despedir a mi mejor amigo.
Una voz extraña se escucha desde unos altavoces que informaban que su vuelo estaba por despegar.
Samuel se acerco a mí, estábamos muy cerca, podía sentir su respiración. Mis lágrimas no dejaban de salir y mi Corazón latía cada vez más fuerte.
-Llego el momento, willy.
-Lo sé. Te voy a extrañar mu-
Ya no pude seguir hablando, ahora mis labios estaban ocupados en otra cosa: mi mejor amigo me estaba besando. Era un beso apasionado y lo más importante era uno de amor.
Ese beso, que para otros puede ser insignificante, para nosotros contaba una historia, una historia de amor. La historia de dos amigos que se enamoraron. Y que estaban a punto de no volver a verse nunca más.
Nos separamos.
-Te amo Samuel.
-Y yo a ti, chiqui… Ah ¡sí! Ten esto.
Metió su mano en uno de sus bolsillos y saco una pulsera. Era negra con una placa metálica que tenia la palabra “compañeros” grabada en su interior. El tenía la misma pulsera.
-Para que me recuerdes.- Coloco la pulsera en mi muñeca.
Nos  abrazamos fuerte al escuchar que llamaban a los pasajeros de su avión. Nos miramos y se fue.
En ese momento se me iba de los brazos lo que tanto tiempo estuve anhelando, se iba y no sabría cuando volvería a verle.



Integrantes del grupo:
Echenique Josefina
Flores Galo
Rodrigues Matias agustina

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