Estuve a punto de
la muerte. Todo comenzó hace dos años cuando yo no sentía a mi familia como
verdaderamente debería sentirse, es decir que nunca recibí el cariño o apoyo
que siempre necesité. Durante la secundaria traje excelentes calificaciones,
para hacerlos felices solamente, también me esforcé en hacer todo lo que ellos
querían, no hay nada que yo no haya hecho para enorgullecerlos.
Me empecé a sentir
a sentir sola, por ello busque contención en mis amigos. Pero lo único que
encontré fue el rechazo de estos. Estaba
resignada, ya lo había intentado todo. No encontré las razones por las cuales
debería seguir viva, quería desaparecer de este mundo tan cruel.
Apareció una nueva
resolución para aquellos problemas, el verme bien físicamente. Dejé de comer
porque inicié a verme gorda.
Un día en la
escuela, él se acercó, me preguntó si yo me sentía bien ya que me veía pálida,
como si estuviera afiebrada, sin fuerzas en el cuerpo; me vi obligada a decirle
que sí, que nada malo me sucedía, así fue como lo conocí a Enzo. El era
castaño, alto, de ojos verdes, y tenía un buen físico. Después de este primer
encuentro, comenzamos a hablar todos los días, tal punto que nos hicimos muy
buenos amigos. Cuando él se fue de viaje de egresados, volvía a sentirme sola,
me faltaba alguien, fue volver a tener ese vacío dentro mío, que de alguna
manera había dejado de sentirlo con su presencia. ¡Al fin llegaba el día del
reencuentro! Luego de esos largos quince días, solo quiera abrazarlo. Pero
cuando nos vimos, o lo reconocí; se había convertido en una persona totalmente
distinta a la cual yo me había enamorado.
Recaí nuevamente,
vomitar ya no era una solución, entonces nuevas cicatrices se apoderaban de mi
cuerpo, ya pertenecían a él. Finalmente me atrevía a confesarle a mi profesor
de religión, lo que me sucedía.
Él me ayudo a salir
adelante, recomendándonos a mí y a mis padres que vayamos a ver un psicólogo,
un nutricionista y de más, también a participar e interactuar en la clase con
mis compañeros y otras actividades. Gracias a él, yo pude seguir adelante.
Siento como si le debo la vida, que no hay palabras suficientes para expresar
cuan agradecida yo estoy.
Un año después, me
di cuenta que mi ida había cambiado rotundamente, desde cómo me sentía conmigo
misma, mis compañeros e incluso con mis padres. Estoy en un grupo de autoayuda,
para chicas y chicos con trastorno alimenticio.
Esta es mi larda y
difícil historia, espero que algún día nos podamos encontrar Alexia.
Integrantes del grupo:
Escudero, Carmela
Kubis, Martina
Peña Timko, Amparo

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